
En la sociedad actual se ve continuamente que los jóvenes suelen agruparse todos los fines de semana para estar juntos por la noche, entre amigos, fiestas, licor; algunos con drogas o violencia; o incluso, algunos no se agrupan sino que se quedan solos sin saber que hacer. Ante esto surgen algunas preguntas ¿Qué diversiones son aceptadas y cuales no? ¿es correcto que un adolescente de 14 años regrese de una fiesta a las 4 a.m? ¿los adolescentes solo ocupan su tiempo libre en diversión y no en obras de caridad, voluntariado, grupos juveniles católicos, etc.?
Ciertamente una diversión sana y dentro de los cánones permitidos es agradable y aceptable; sin embargo, los adolescentes de hoy, aunque no todos, solo se dedican a divertirse y se han olvidado de ocupar parte de su tiempo en actividades que lo hagan crecer como ser humano, que lo hagan sensibilizarse ante la realidad. A lo mucho, aquellos que pueden estudiar música, pintura o algún deporte; solo elevan sus conocimientos y técnicas individuales que muy poco los hacen comprometerse ante el ser del otro, olvidándose en parte del precepto anónimo de ‹‹vivir para el otro es vivir también para uno mismo››.
El adolescente se topa con una realidad marcada de hedonismo (solo interesa el placer y mejor aun el placer erótico), relativismo (cada uno tiene su verdad y punto), permisivismo (déjalo pues tiene 10 años esta bailando perreo, son modas nada más) y consumismo (tengo que tener el celular de moda o el ipod más caro). Un adolescente frente a todo esto es muy frágil y muchas veces se deja llevar. Y que decir de la música de moda, de su extraña forma de bailar (basta con fijarse en las chicas y la posición que tienen a la hora de bailar, verdaderamente nos recuerdan al mejor amigo del hombre), y peor es oír las letras de las canciones, letras como ‹‹agárrala, pégala azótala…››, ‹‹toma, toma, toma…››, ‹‹ oye jelma te voy a dar por detra tra tra tra››, ‹‹ Ella me satisface ella me complace a mi le tiro le sigo››. Todas estas letras con doble sentido con una dosis muy cargada de erotismo que va penetrando en la mente de los jóvenes y de seguro van configurando su personalidad. Estas canciones llenan su mente de basura.
Con todo esto, además de la violencia juvenil urbana y la indiferencia social de los mismos, nos hacen ver que nuestra sociedad carece de adolescentes que tengan ideales y practiquen valores. Cabe preguntarse entonces ¿por qué nuestros adolescentes están como están?, ¿qué ha ocurrido con ellos?, ¿qué les hace falta? Es muy difícil diagnosticar la cura para dicha enfermedad; sin embargo, hay algo que es inobjetable: el joven actual sufre una ausencia, o mejor dicho sufre LA GRAN AUSENCIA DE UNA AUTORIDAD QUE LO HAGA CRECER. Si nuestros jóvenes viven inmersos sin salir de ese fango que los denigra es porque carecen de ideales, ideales que alguien debió concienciar en ellos, sufren una ausencia de vínculos familiares, educativos y sociales. Hay muchos padres de familia que se han olvidado que están llamados a ser la autoridad en casa, hay muchos profesores que se han estancado en las protestas y han dejado de ser el referente principal de ideales en los jóvenes; y que decir de nuestras autoridades políticas que son nuestros líderes nacionales, estos han hecho todo lo posible para demostrarnos que son corruptos y mentirosos. Tanto los padres, los profesores y los políticos se han olvidado, salvo honrosas excepciones, de ser aquella autoridad que los jóvenes necesitan para sentirse respaldados y seguros. Los adolescentes de hoy están cada vez más solos, pero no solos en el sentido de que sufren de soledad o no andan con alguien o no tienen amigos; sino que SOLOS en el sentido de que se han quedado sin ideales y sin una autoridad que los guíe. Pero acaso ¿el término autoridad es algo negativo como para haberlo olvidado?, ¿qué significa la palabra autoridad?, ¿es necesaria ahora más que nunca? Si vemos la etimología de la palabra autoridad descubriremos que viene de la palabra latina autoritas que significa hacer aumentar, hacer crecer, el que es fuente u origen de algo.
Esta palabra en sentido propio, nos remite a aquel que da la existencia a otro y se preocupa de su bienestar y crecimiento. El significado por tanto, de la palabra autoridad no es mandar, sino dar vida, hacer crecer. Luego ser autoridad, etimológicamente hablando, es ser fuente de vida, y al mismo tiempo es servir a esa vida. Lo que nos lleva a poder definir la autoridad como aquella presencia que nos hace crecer como seres humanos. El verdadero sentido de ser una autoridad existencial la encontramos en Cristo él le da a la autoridad su verdadera dimensión en los siguientes versículos del Evangelio: ‹‹Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No será así entre vosotros, sino que el que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos››. (Mt. 20, 25-27) Vemos pues, que Cristo define su autoridad en términos de servicio y no de mando. Finalmente frente a la problemática expuesta tenemos la urgente necesidad de ponernos al servicio del otro, comprometernos a ser personas que hagamos crecer a los demás en valores e ideales que los conduzcan a la constante ortopraxis y a superar el hedonismo con el deseo de felicidad; el relativismo, con la búsqueda de la verdad; el permisivismo, con la disciplina y el consumismo, con el crecimiento espiritual.
El Santo padre Benedicto XVI nos da también la clave para superar esta crisis, en su discurso pronunciado en la vigilia con los jóvenes en el último encuentro mundial nos dice: ‹‹vosotros estáis llamados a vivir los dones del Espíritu entre los altibajos de la vida cotidiana. Madurad vuestra fe a través de vuestros estudios, el trabajo, el deporte, la música, el arte. Sostenedla mediante la oración y alimentadla con los sacramentos, para ser así fuente de inspiración y de ayuda para cuantos os rodean››
Texto elaborado por:
Giancarlo Castillo GutiérrezComunidad Juvenil Católica Cristo Vive Asesor